Gota 11

Artículo publicado en la revista nº 3 Fulltànit (primavera del 2009) de San Andreu de la Barca

¿Acaso alguien le puede poner fronteras al viento? Cuando este decide desplazarse de Norte a Sur, de Este a Oeste o en cualquiera otra dirección, ya sea frío o ardiente, seco o húmedo, nada ni nadie, por más que se empeñe, puede pararlo.

¿Y al polen y a las semillas que transportados por el aire libremente, hacen que la naturaleza se pueble de maravillas? ¿Alguien les acota el suelo donde deciden germinar?

¿Y a las nubes, que se desplazan a lo largo del universo? Nubes que deciden libremente donde descargar el agua que llevan, para darnos la vida, para fertilizar nuestras tierras, para saciar nuestra sed.

¿Y el agua de la lluvia? ¿Puede el hombre disponer donde sí o donde no ha de caer? ¿Puede el hombre ordenarle que caiga suave para que la tierra la empape lentamente o por el contrario se derrame de forma torrencial provocando todo tipo de catástrofes? ¿Puede pedirle que caiga en finas gotas, en forma de destructor granizo, o en blancos copos níveos?

¿Y a los rayos del sol? Sol, que con su luz y su calor nos ilumina para que podamos ver en su esplendor todas las maravillas de este mundo y que intervienen en todo nuestro proceso vital. ¿Puede el hombre ponerle fronteras?

¿Y a los pájaros en sus migraciones? ¿Ha visto alguien un ave con pasaporte en su pico y haciendo cola en alguna aduana?

No, no existen las fronteras, solo son líneas imaginarias trazadas por los hombres sobre la piel de nuestra tierra.

¡Que contrasentido, Dios mío! Unos trazándolas y otros tratando de borrarlas y así nos pasamos la vida.

Solamente el hombre intenta poner fronteras. Su miedo, su egoísmo, su soberbia y su ambición, le hacen actuar contra la naturaleza, intentando poner fronteras a diestro y siniestro. Por poner barreras a todo, lo hace hasta a sí mismo, ¡Será memo!.