Mis viajes…
Artículo publicado en la revista nº 4 Fulltànit (otoño del 2009) de San Andreu de la Barca
Las estrellas forman una constelación. En mi caso, son varias las urbes que, como estrellas han alumbrado mi vida y conformado mis cosmos.
El recorrido es: Córdoba donde nací. Cádiz de mi infancia y luz. Málaga estudios y despertar. Madrid, alegría y amor. San Andrés de la Barca, la madurez. Jerusalén mi pasión, y últimamente Miami. Todas estas ciudades forman las diferentes etapas de mi caminar por la vida.
Si, Miami con su olor a tabaco cubano, sabor a melaza, sonido de maracas, luz del mediterráneo, naturaleza del Caribe y alegría de un mundo hispano. Ciudad de acogida, puerta de entrada a Iberoamérica y capital de una Cuba añorada.
Todo empezó en Jerusalén, cierto día en que conocí a un cubano extraño y solitario. Nos hicimos grandes amigos y me habló de su mundo y de la magia de Miami.
La curiosidad hizo que, unos meses después desde la ventanilla de un avión de Iberia, contemplara aquella inmensa extensión de pequeñas viviendas y numerosos lagos.
A partir de ahí aquella ciudad me abrió sus puertas me acogió y acabó enamorándome. Después vinieron los amigos y el calor.
Enrique Córdoba; voz de Colombia, líder de audiencia en Radio Caracol, por cuya tertulia todo aquel que quiera puede pasar. Basta con llamar a la puerta, entrar, sentarse en la mesa, colocarse los auricales y hablar de lo que quieras. Allí puedes coincidir con el más grande artista o con el más humilde obrero. Todos tienen cabida.
Ninoska Pérez o el azote de Fidel Castro. Incansable en su lucha desde su programa diario en radio Mambi o su tertulia vespertina en el canal ocho de televisión.
Pero Miami es algo más que la voz de Iberoamérica. Es el restaurante Versalles, santuario del exilio cubano, donde día a día se comentan los numerosos incidentes que ocurren en el interior de la isla. Allí se intriga, se comenta, reviven los recuerdos, se mantiene viva la ilusión de una Cuba libre y se puede degustar la más pura cocina cubana.
Es la calle ocho. Todo un símbolo con sus numerosos restaurantes, corrillos, tiendecitas y la música caribeña que todo lo invade.
Los numerosos restaurantes de la Carreta y sus tertulias de amanecida, únicas a estas horas y donde antes de marchar para el trabajo nadie puede faltar para desear los buenos días, comentar los acontecimientos del día anterior y saborear un café cubano cargado de azúcar.
Es el Doral, donde los venezolanos exiliados por el régimen de Chávez están reorganizando su vida.
Es la modernidad en el centro de la ciudad, la música y la playa en Palm Beach, el lujo en Coral Beach, el color en Coconut Grove. La noches mágicas en Lincoln Boulevard…
Son las orquídeas por todas partes y a cual más bella, los crotos coloridos, las begonias, los aguacates, los papayos, los mangos, las palmeras, los caobos y los manglares con sus cocodrilos e iguanas.
Si, son demasiadas las cosas que uno puede descubrir en aquella florida tierra y para completar, a tan sólo unos kilómetros sus Cayos famosos, destacando entre todos Cayo Hueso, donde el fantasma de Hemingway está bien presente y sigue paseándose por sus calles.
Todo eso y mucho más es Miami.
Para terminar, Miami me acogió desde el primer día, como si desde antes de arribar ya formase parte de ella. Algo que siempre he de agradecer. fue llegar y presentar uno de mis libros en su más simbólica librería, Books and Books de Coral Gables. Me tocó hablar desde el mismo estrado en que lo hacen figuras tan destacadas como Vargas Llosa, Marcos Aguinis, Zoe Valdés, Álvaro Mutis, García Márquez y casi todas las glorias literarias que ha dado el mundo hispano.
¿Es o no para estar agradecido?