Felicitación año nuevo
Artículo publicado en Oriente Medio.net
Se ha iniciado un nuevo año. Los últimos días del pasado he recibido numerosos mensajes en mi ordenador y en mi móvil de todo tipo, pero una cosa tenían en común, el deseo de alegrar estas fiestas con más o menos ironía y el de que el año que ya va corriendo, sea un año lleno de paz y felicidad. Anhelos, que la humanidad dice desear, pero que o bien o no pone los remedios o no sabe que camino emprender para ello.
No acabó muy bien el anterior, los últimos días se vieron entristecidos con graves acontecimientos en Pakistán que de extenderse pueden dar lugar a que el conflicto de Oriente Medio se amplíe hasta el Indico, este nuclearizado ya.
En Gaza, siguen los enfrentamientos entre palestinos, e Israel, ante la amenaza de los terroristas y los cohetes que se le siguen lanzando, no ha tenido más remedio que volver a intervenir. En Kenia, una espiral de violencia y fanatismo se ha desatado. En Irán, siguen ganando la batalla en su loca carrera para obtener armamento nuclear. En América, Hugo Chavez y su intervención ante las FARC, en un intento de capitalizar para sí un gran éxito que le diera posibilidades de ampliar su influencia en Colombia. No, no ha terminado el año 2008 con presagios de paz.
Los pocos días que llevamos del 2009, tampoco auguran nada bueno. Por ello, he estado pensando como felicitar el año entrante y mis deseos.
Tras mucho reflexionar, me voy a limitar a hacerlo con las palabras que el lider de los Baháis, Abdúl-Bahá, pronunció el 5 de diciembre del año 1912, tras un largo viaje por América predicando la paz, en aquellos momentos en que la humanidad se abocaba al primer gran desastre del siglo XX.
“Esta es mi última reunión con vosotros, porque estoy en el barco a punto de partir. Estas son mis últimas palabras de exhortación. Repetidamente os he llamado a la causa de la unidad del mundo de la humanidad, enseñándoos que todos los hombres son los siervos del mismo Dios, ya que Él es el creador de todos. Él es el proveedor y el que da la vida; todos son amados por igual y todos son sus siervos, sobre los que desciende su misericordia y compasión. Por lo tanto, debéis manifestar la mayor amabilidad y amor hacia las naciones del mundo, dejando de un lado fanatismos y abandonando prejuicios religiosos, nacionales y raciales.
La tierra es una nación, un hogar, y toda la humanidad son los hijos de un Padre. Dios los ha creado y todos reciben de su compasión. Por tanto, si uno ofende a otro, ofende a Dios. Es el deseo de nuestro Padre celestial que todo corazón se regocije y esté lleno de felicidad; que vivamos juntos con alegría y regocijo. El obstáculo a la felicidad humana es el prejuicio racial o religioso, la lucha competitiva por la existencia y la crueldad de unos con otros.
Estad alerta, no sea que ofendáis un corazón; alerta, no sea que murmuréis de alguien; alerta, no sea que os enemistéis con los siervos de Dios. Debéis considerar a todos sus siervos como nuestra propia familia y como vuestros parientes. Dedicad todo vuestro esfuerzo a la felicidad de los desposeídos, alimentad al hambriento, vestid al necesitado y glorificad al humilde. Sed una ayuda para el débil y mostrad amabilidad hacia vuestros semejantes, para que así obtengáis la complacencia de Dios. Esto es causa de iluminación del mundo de la humanidad y de felicidad eterna para vosotros mismos. Ruego a Dios eterna gloria para vosotros, Esta es mi oración y exhortación.
Vuestros esfuerzos deben ser nobles. Esforzaos con alma y corazón para que quizás, por medio de vuestros esfuerzos, la luz de la Paz universal pueda brillar y esta oscuridad de indiferencia y enemistad desaparezcan de entre los hombres; que todos los hombres sean una sola familia y se reúnan en amor y bondad; que el Oriente ayude al Occidente y que el Occidente ofrezca ayuda a Oriente, pues todos son habitantes de un mismo planeta, las gentes de un país y los rebaños de un pastor.
Fijaos en la ignorancia del mundo, porque a pesar de los esfuerzos y sufrimientos de los profetas de Dios, las naciones y pueblos están todavía ocupados en lucha y hostilidad. A pesar de los mandamientos celestiales de amor hacia unos y otros, todavía siguen derramando la sangre unos de otros. Aunque son los hijos de un Dios compasivo, continúan viviendo y actuando en oposición a su voluntad y beneplácito.
Vuestro deber es de otro tipo, porque vosotros estáis informados de los misterios de Dios. Vuestros ojos están iluminados, vuestros oídos dotados de percepción. Por lo tanto, debéis consideraros unos a otros y a la humanidad, con el mayor amor y cariño. No tenéis ninguna excusa que presentar ante Dios si fracasáis en vivir de acuerdo con sus mandamientos y preceptos. Debéis por tanto ser amables con todos, incluso a vuestros enemigos deberéis tratarlos como amigos. Debéis considerar a los que os desean mal igual que a los que están de acuerdo con vosotros, para que tal vez esta oscuridad de desacuerdos y conflictos desaparezca de entre los hombres y la luz de Dios brille en su lugar; para que el Oriente sea iluminado y el Occidente se llene de fragancias; más aún, que Oriente y Occidente se abracen con amor y convivan con simpatía y afecto. A menos –y hasta- que el hombre alcance esta elevada posición, el mundo de la humanidad no hallará descanso y no alcanzará la felicidad eterna. Pero si el hombre vive de acuerdo con estos mandamientos divinos, este mundo terrenal será transformado en el mundo celestial, y este globo material se convertirá en un paraíso de gloria. Es mi esperanza que tengáis éxito en esta empresa, para que cómo lámparas brillantes podáis arrojar luz sobre el mundo de la humanidad y vivificar y animar el cuerpo de la existencia con el espíritu de vida. Esto es gloria eterna. Esto es felicidad sin fin. Esto es vida inmortal. Esto es logro celestial. Esto es ser creado a imagen y semejanza de Dios. Y a esto os llamo yo, rogando s Dios que os fortalezca y bendiga”.