Las candentes memorias de Roberto Martín Pérez

Bianco comentó principalmente sobre el autor, mientras que tres personas muy reconocidas hicieron el panegírico del protagonista, el honorable Lincoln Díaz-Balart, la honorable Ileana Ros Lehtinen y el reverendo Marcos Antonio Ramos. La función se desarrolló en el Instituto de Estudios Cubanos y Cubano Americanos (ICCAS) con la asistencia de una gran cantidad de ex presos y activistas cívicos cubanos.

Este libro testimonial, que impresiona al lector por lo bien escrito que está, es tan realista que parece una novela. Leerlo es no querer dejarlo, sobre todo para los que deseamos saber más de otros ángulos de la historia, no sólo la versión castrista o la extranjera. Y el autor demuestra que verificó los datos, como bien declaró en el acto: en dos años de esfuerzo, con entrevistas, viajes, y comprobación de la información, volviéndose un ``prisionero'' de su biografiado.

Ileana Ros Lehtinen abrió el acto refiriéndose a su amistad con Martín Pérez y la importancia de su figura en las luchas dentro del exilio. Bianco, al presentar a Cerrato, citó las ideas del filósofo Karl Jaspers, en cuanto a que el hombre filosofa a partir de una situación límite. Esto le sirvió para describir a este autor en su búsqueda de temas controversiales y candentes dentro del marco del humanismo y la ética. ``Qué mayor situación limite que la del protagonista de ¡25448, No! enfrentado a la muerte y a la prisión'', dijo Bianco. ``Para los que no somos cubanos este libro es brasa, por lo quemante y por la revelación de la historia cubana''.

El reverendo Marcos Antonio Ramos vinculó el libro con las biografías teológicas, en que se presenta una vida como iluminación de una época. En este caso, por el coraje que demostró Martín Pérez frente a la adversidad y en defensa de sus ideales. Díaz Balart, como dice en el prólogo, recordó siempre lo que le contaba su padre sobre esta familia y sobre el heroísmo de Martín Pérez, presentándolo como ejemplo de rectitud moral, conciencia cívica y lucha contra la injusticia. Cuando le tocó hablar, el biografiado mencionó a sus compañeros de prisión, algunos presentes. Esos años fueron una escuela de vida para él, contó, y pidió que se hiciera justicia cuando llegara el momento, y que la sangre y el sacrificio de tantos presos de conciencia no quedaran impunes.

ROBERT LANDORI EN MIAMI CON `HAVANA HARVEST'

Sobre un tema muy cubano también, pero en plan de ficción, presentó en Books & Books su último libro, la novela Havana Harvest, el escritor canadiense Robert Landori, un tour de force en intriga internacional sobre uno de los episodios más intrincados de la historia cubana, el juicio y ejecución del general Arnaldo Ochoa, fusilado en 1989. El autor se refirió al trasfondo histórico que precedía la novela, desde los sucesos del desembarco del Granma y el asalto al Moncada, la presencia del joven Ochoa entre los revolucionarios, su ascenso en el grupo de leales a Camilo Cienfuegos, y todos los eventos posteriores que llevaron a Fidel Castro al poder, para luego entrar en la razón personal que lo inspiró a escribir el libro, su amistad con ``Dania'', de quien también comenta en su blog.

``Nunca hubiera escrito Havana Harvest si no hubiera conocido a Dania'', dijo. ``Fue ella quien me presentó a los altos oficiales del gobierno revolucionario cubano. Y fue ella quien me contó acerca de la historia del general Ochoa''. ``Dania'' y su esposo comenzaron el movimiento revolucionario en La Habana, por encargo de Fidel Castro, según contó Landori, pero la policía secreta de Fulgencio Batista los capturó unos días antes de que Batista dejara el país. ``Dania'' había tenido alto rango en la Sierra Maestra, dijo el novelista, quien siguió en contacto con ella, después de que ésta se trasladara a Estados Unidos.

¿Fue Ochoa culpable de traficar en drogas o fue el chivo expiatorio, al enterarse el mundo de la conexión de los cubanos con el Cartel de Medellín? La novela es su respuesta, aunque ficticia, y desarrollada en una serie de escenas de ritmo alucinante, en La Habana, Angola, Budapest, Washington, Montreal, Panamá y las Islas Caymán, donde hay intercambios del dinero de la droga y contrabando con el marfil del Africa. Los personajes tienen sus correspondientes en la historia de Cuba, y existe la propuesta de que la CIA estuvo involucrada, lo que implicaría verdaderamente un complot contra Castro. Un espía agente de la CIA viene al rescate de los buenos, su nombre es Robert, pero con el apellido Lonsdale. ¿Una no muy velada máscara del autor?

Nacido en Hungría, Landori dice que es contador público, pero ha estado involucrado en sucesos misteriosos, como su encarcelamiento en la década de 1960 por más de dos meses en Cuba, acusado de espionaje para la CIA. De un gran sentido del humor, lo que transpira en su estilo narrativo, llega a convencerlo a uno de que pasó todo exactamente como él lo cuenta.

Artículo original en la web elnuevoherald.com